Centros culturales jesuitas en la Sierra Tarahumara
  • Los jesuitas en la Sierra Tarahumara tienen décadas acompañando y participando en el cuidado comunitario, llamando a defender el territorio y la vida rarámuri, ante el crimen organizado en la región que ha incrementado su control, violencia y crueldad.

 

La académica del SUJ en IBERO Puebla, Daliri Oropeza, escribió para el medio de comunicación Pie de Página una interesante columna de opinión Enfrentar el colonialismo y el desarraigo: rarámuris y jesuitas en la Sierra Tarahumara, donde destaca la labor de los Centros Culturales Jesuitas de la Tarahumara, los cuales apuestan por una educación popular efectiva, basada en vigorizar el modo de ser, costumbres, cosmovisión y lengua rarámuris. Además de resaltar que son una herramienta para arrebatarle a los grupos que operan de manera ilegal su influencia sobre los jóvenes.

 

En su relato, habla de La Gavilana, comunidad donde nació el primer Centro Cultural Jesuita de la Tarahumara y la travesía de seis horas caminando para poder llegar a la misma. La también periodista comenta que la misma comunidad quien les planteó a los religiosos implementar un proyecto con las infancias para aprender a leer y escribir.

 

Esta comunidad no es muy frecuentada puesto que, además de quienes lo habitan, solo llegan los religiosos jesuitas que montaron los centros culturales o los narcotraficantes que se apropiaron a la fuerza del territorio. Comenta que hay una escuela oficial, pero está abandonada y las maestras llegan de vez en vez. El grupo de docentes de los Centros Culturales Jesuitas, concuerdan que los maestros de la SEP tienen otra estrategia para enseñar, y casi no se meten en cuestiones de la cultura rarámuri, ni dan clase en la misma lengua.

 

La también periodista especializada en defensa del territorio, derechos humanos, derechos indígenas y derechos culturales; piensa que ahí nadie habla español. “De hecho, las misas han tenido que realizarse partes en rarámuri. Cuando escucho las oraciones y las canciones religiosas en lengua, pienso ¡a los jesuitas los raramurizaron!”

 

Los Centros Culturales Jesuitas de la Tarahumara son ahora un pilar para los rituales sagrados, fiestas ceremoniales, comidas, canciones, lengua y tradiciones que dejaban de realizar las comunidades rarámuri.

 

Fue en 2014 que inició este esfuerzo educativo y cultural que realizan los padres que integran la Misión Jesuita de la Tarahumara y hasta la fecha, aún con la pandemia, tres de los cuatro centros resistieron: La Gavilana, Pamachi y Guachochi. La misión es una comunidad y funciona como tal entre todos sus proyectos.

 

Es en esa enorme sierra en donde este 2022 en Cerocahui asesinaron a dos jesuitas muy importantes para la misión, el padre Gallo Javier Campos, quien era el superior, y el padre Joaquín Mora.

 

 

En su investigación en la Sierra Tarahumara en 2016, la académica del SUJ pudo entrevistar a Daniel Vargas, quien en aquel entonces coordinó el proyecto de Centros Culturales en la Tarahumara, y le contó que uno de los indicadores para ellos es la participación de la infancia en la vida comunitaria: “Lo que hemos visto, es que, a partir de los centros culturales, la participación de los niños en las danzas de matachín es más. Sin folclorizar. Las personas tienen un motivo y un sentido por el cual danzan, lo cual tiene mucho que ver con su espiritualidad, su religiosidad propia”.

 

Para los jesuitas que trabajan en este proyecto, es de suma importancia vigorizar la identidad rarámuri “que se ve desprotegida, olvidada por el sistema, los desarraigan de su modo de vida y tratan de homogeneizar a la cultura dominante, en este caso la vida occidental”, dijo Vargas.

 

Félix Velasco, SJ, actual Párroco de San Miguel de Guaguachique, explica en entrevista que este acercamiento es parte de una Iglesia Autóctona que ellos ejercen y que les ha permitido tener un acercamiento horizontal de correspondencia con las comunidades rarámuri.

 

“Nuestra visión de esta iglesia autóctona y nuestros proyectos van en relación al diálogo intercultural, reforzar la identidad rarámuri, reconociendo sus autoridades indígenas, reconociendo su modo de organización, reconociendo también sus ministerios, que es que son ministerios eclesiales, y que en ella se reconocen cargos tradicionales como el cargo de mayora, o el cargo de rezandero”.

 

“Para entrar en este diálogo intercultural y buscar fortalecer a esta iglesia autóctona en la parte de justicia pues tiene que ver con organización comunitaria, con la autonomía, justicia alimentaría, comercio justo, educación, salud.

 

“Ahora que regresé en el 2021 y llegué al Centro Cultural de La Gavilana, mi percepción es que yo me estaba integrando a su espacio, que ya es más de ellos, entonces para mí eso fue un impacto muy fuerte y algo que me sorprendió, así como también ver que los niños estaban jugando juegos que implican números, por ejemplo, el domino es un cambio positivo que yo noté pues definitivamente hace unos años no se hacía”.

 

El párroco recuerda que los jesuitas tienen distintos proyectos de salud, aumentación, educación a lo largo de la sierra y hasta de comercio justo donde compran el maíz o el frijol a precios arriba del mercado a los campesinos rarámuri.

 

Félix Velasco, SJ, habla de la exigencia que tiene la misión jesuita después de los asesinatos del padre Javier Campos y del padre Joaquín Mora:

 

“Lo que exigimos es que haya paz en la sierra, eso es nuestra principal exigencia. Es una exigencia que nos compromete también como jesuitas, como gente que vive en la sierra Tarahumara, que nos compromete tanto gobierno, como sociedad civil e iglesias. (…) Esperamos que haya diálogo entre los diversos sectores y que podamos plantear en unidad cuáles serían los caminos para la paz.

 

“Necesitamos que también el gobierno se siente a la par para poder hacer esos planteamientos. No, no es una exigencia contra el gobierno. Es una exigencia hacía los grupos armados. Y reitero no solo los involucra a ellos, nos involucra a todos. Implica no solamente el decir que se van a capturar los cabecillas, se van a desaparecer es de los grupos armados, no.

 

“Tiene que ver con algo más profundo y Cultural que viene lacerando a la sierra desde hace décadas, sino es que hasta siglos. Por el modo en cómo se ha habitado la sierra, ha sido colonial, en el que siempre terminan perdiendo los pueblos rarámuri, que terminan al servicio de la Corona, al servicio de los mineros, al servicio de los que deforestan el bosque, al servicio de los que plantan o comercian con la marihuana y la amapola, es decir como que hay una lógica allí cultural arraigada tenemos que repensar, desmenuzar para revalorar y reconstruir”.

 

La situación de violencia en la Sierra Tarahumara ha sido bien descrita por colegas periodistas, como Miroslava Breach, a quienes incluso les ha costado la vida. No es algo nuevo. Incluso cuando yo estuve observé cómo los grupos que actúan fuera de la ley controlan el comercio y lo que entra o lo que sale de las comunidades. Tienen halcones por doquier que informan a sus jefes cualquier movimiento.

 

Sin embargo, estos Centros Culturales Jesuitas son una herramienta para arrebatarle a los grupos que operan de manera ilegal su influencia sobre los jóvenes, o que por lo menos sea más difícil un proceso de desarraigo del ser rarámuri.

 

Aquí puedes ver la documentación de los Centros Culturales Jesuitas de la Tarahumara:

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