Las universidades jesuitas buscan incidir en la mitigación del cambio climático
  • Luciana Brandli, académica de la Universidad de Passo Fundo, en Brasil, inauguró el ciclo de conferencias sobre las universidades frente a la crisis climática, iniciativa convocada por el CEA-Mope del Sistema Universitario Jesuita.

 

 

Una de las preferencias apostólicas donde el SUJ tiene sus ojos es el cuidado de la Casa Común, y son cada vez más las Licenciaturas que abordan este tema para guiar a los jóvenes en una formación no solo con incidencia social sino también con conciencia por el medio ambiente.

 

“La universidad frente a la emergencia climática”, fue la primera conferencia de una serie de sesiones que se llevarán a cabo cada dos meses, con el objetivo de reflexionar sobre el papel de las universidades en el contexto de la crisis climática, convocadas por  el Campo Estratégico de Acción en Modelos y Políticas Educativas CEA-Mope del Sistema Universitario Jesuita.

 

Misma que analizó el tema del cambio climático, nombrado como el reto más significativo de nuestros tiempos, así como las acciones para mitigarlo que pueden proponer las universidades, fue el tema por Luciana Brandli, coordinadora de la Maestría en Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de Passo Fundo (UPF), en Brasil.  

 

Actualmente, la compleja problemática medioambiental ha traído problemas de carácter social y económico que terminan repercutiendo de manera más grave en las comunidades vulnerables. Y si bien esta crisis ha levantado uno de los mayores movimientos activistas, llenado las agendas de los medios de comunicación y empujado decisiones políticas en las principales economías globales, existe en las universidades un enorme campo de acción que debe ser aprovechado.   

 

En la conferencia, Brandli planteó una de las preguntas centrales para las instituciones educativas: ¿son las universidades una parte del problema? ¿O son parte de la solución?   

 

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Sin hacer a un lado el hecho de que las instituciones de educación superior han creado, desarrollado y puesto en uso ciencia y tecnología que ha contribuido al problemático panorama actual —un ejemplo es el uso de combustibles fósiles—, para la especialista es evidente que la incidencia que pueden tener las universidades debe mitigar los impactos del cambio climático.   

 

Brandli presentó un esquema con diferentes niveles de interacción y ámbitos en los que las universidades pueden tener injerencia de manera directa, y también indirectamente, los principales son: educación, producción de conocimiento, prestación de servicios, debate público y la operación misma de sus campus.   

 

Entre las acciones directas resaltó la importancia de cinco: la primera, impregnar la currícula con materiales y proyectos que despierten una conciencia individual y colectiva sobre la crisis climática. La segunda, enfocar la investigación en temas ambientales, desarrollando productos o tecnologías que puedan ser adoptados por la industria o gobiernos con el fin de mitigar los efectos de la crisis. La tercera, aprovechar el alcance social de las instituciones para difundir buenas prácticas medioambientales. La cuarta, operación del campus o gobernanza, que implica  identificar y atender proyectos de reducción de emisiones de carbono, como la inversión en energías renovables o buscar una mayor eficiencia energética, incluyendo el reemplazo de equipos. La quinta, modificar ciertos patrones de la vida en el campus, como el consumo de alimentos o el transporte, lo que puede ser a la vez un ejemplo mediante el que se promuevan las prácticas sostenibles como el consumo de productos locales o regionales, la creación de huertos, el uso de transporte público o realizar viajes colectivos.  

 

Además de compartir recursos de acceso gratuito, como el estudio “Universidades frente al cambio climático y la sostenibilidad” (que destaca los casos de siete universidades alrededor del mundo con sus retos y acciones para enfrentar la crisis), la panelista presentó la iniciativa “Climate-U: transformando las universidades para un clima cambiante”.  

 

Esta iniciativa, financiada por el gobierno del Reino Unido, reúne a universidades de Brasil, Kenia, Mozambique, las islas Fiyi y la Gran Bretaña en una red que tiene como objetivo brindar beneficios a las comunidades de estos países por medio de contribuciones que permitan a las universidades encarar el cambio climático. 

 

La UPF, junto con las universidades de Pará y de São Paulo, forma parte del proyecto en Brasil y fue la primera en instaurar en América Latina una Oficina Verde: un espacio que informa, conecta y apoya a los estudiantes y a la comunidad universitaria para actuar en nombre de la sostenibilidad. La oficina, además, cumple con las funciones de experimentación y microfinanciamiento para proyectos estudiantiles.   

 

La iniciativa Climate-U tiene dos años operando, y la mayor satisfacción de Brandli, quien dirige el trabajo de la UPF en Climate-U, ha sido “la cantidad de personas involucradas y conectadas que tratan de resolver problemas locales”. En su conferencia, invitó a los asistentes de las universidades mexicanas a proponer a sus instituciones para unirse a la iniciativa: “sería maravilloso contar con universidades en México.”

  

Juan Carlos Silas Casillas, coordinador del CEA-Mope y  del Doctorado Interinstitucional en Educación, que integra las universidades jesuitas, ITESO y a las universidades Iberoamericana (Ibero) de León, Puebla y Ciudad de  México, comentó que en las instituciones jesuitas de educación superior en México el tema del cambio climático ha sido central y destacó el involucramiento de las universidades del SUJ en el ranking verde de universidades “UI GreenMetric“.   

 

Brandli, quien está al tanto de las acciones de las universidades jesuitas con el fin de cuidar el medio ambiente, que es la casa que todos compartimos, concluyó en su discurso, “Hace años hicimos una investigación en muchas universidades de América Latina documentando las acciones de sostenibilidad en los campus. Veíamos que lo primero que se suele trabajar es la gestión de residuos, luego la eficiencia en el uso de agua y energía, la preservación de áreas verdes, la valorización de estos espacios, etcétera. Pero el principal problema es la inversión. Para atender problemas de transporte, energía, agua y espacios verdes, necesitamos inversión”.

 

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