#QueremosAcompañarte Los valores ignacianos son la base de la investigación en el SUJ

  • Los valores ignacianos deben estar a la base de la investigación que se realiza en las universidades del SUJ.
  • La investigación debe estar articulada con los temas preferentes relacionados con caminar con los pobres, el cuidado de la casa común, el acompañamiento a los jóvenes, con los problemas del país y del mundo.
  • Investigar significa propiciar una eudutopía, un lugar bueno para vivir con suficiente dignidad y justicia.

 

El proceder jesuita de buscar siempre lo útil para el bien común es el objetivo de la investigación en el SUJ, con el fin de resolver problemas y mejorar, como opción preferencial de las universidades jesuitas, las condiciones de vida de las mayorías populares del país en sus distintas necesidades, según el principio ignaciano -también enunciado con otro lenguaje en la filosofía de Kant en el siglo XVIII- de que el bien cuanto más universal, más divino.

Durante un seminario de formación en espiritualidad ignaciana y compromiso político desde el SUJ, el doctor Carlos Rafael Cabarrús Pellecer, S.J., de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala, defendía que, precisamente, son los valores ignacianos los que deben estar como fundamento de la investigación que se realiza en una universidad jesuita.

Para este jesuita –antropólogo y creador de una escuela de formación ignaciana con reconocimiento mundial por su síntesis entre lo personal, la espiritualidad y la política– la formación en valores, según lo ignaciano, es la principal característica de la educación jesuita. Los valores ignacianos son, dicho con sus palabras, “por los que estamos dispuestos a arriesgar la vida, a renunciar a cosas a las que tenemos derecho”.

Señaló que el objetivo de la educación jesuita en una universidad es formar salmones que sepan nadar a contracorriente y que en el momento de desovar vayan hacia su fuente original, dispuestos a morir con tal de producir y dar vida. Esta imagen ilustra lo que debería ser lo típico de una universidad inspirada en el carisma ignaciano.

Necesaria una metodología de investigación transdisciplinaria

En este sentido indicó que los problemas que enfrenta la investigación en nuestra región son los provocados por el hambre, desnutrición, violencia, migración, los relacionados con el género, que requieren de un esfuerzo interdisciplinario para ser observados y tratados, y no depender sólo de la mirada particular del ingeniero, el psicólogo o el antropólogo. Por tanto, se necesitan equipos interdisciplinarios para investigar mejor estos problemas y crear programas de trabajo que los atiendan a tono con su inconmensurable dificultad.

La investigación no debe responder al interés personal del investigador sino estar articulada con los temas preferentes relacionados, para el caso del SUJ, con caminar con los pobres, el cuidado de la casa común, el acompañamiento a los jóvenes, con los problemas del país y del mundo. Y para ello se requiere una metodología de investigación cada vez más transdisciplinar, quitarse la camiseta de la propia disciplina y ver con ojos de los otros campos la diversidad de la realidad.

Investigación que construya eudutopías, no utopías

Para Carlos Cabarrús, quien en el pasado fue investigador de los Centros de Investigación y Acción Social (CIAS) creados por Pedro Arrupe, S.J.,  la investigación de una universidad jesuita tiene una inevitable incidencia política de transformación, sin que eso signifique identificación con un partido, sino en el sentido para este tiempo de propiciar una eudutopía, un lugar bueno para vivir con suficiente dignidad y justicia. Ahora en la investigación se trata de hacer posibles estos lugares de vida digna, más que de buscar utopías que quizás nunca se alcanzarán.

Por lo anterior, aseveró el doctor Cabarrús Pellecer, es importante que en una universidad jesuita exista una conexión estrecha entre espiritualidad, compromiso social y político, porque quienes investigamos no estamos exentos de condicionamientos psicológicos que impiden tener una conciencia más esclarecida y comprometida.

De ahí la importancia de que la formación en valores de la espiritualidad ignaciana ayude a conocernos mejor en nuestras vulnerabilidades como personas, en nuestra capacidad para traicionar o ser incongruentes, para entonces potenciar toda la riqueza interior que nos permita liberarnos de nuestros condicionamientos y heridas personales, y ser mejores agentes de transformación de la realidad desde la universidad.

 

Texto por Carlos Mario Castro

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