¿Por qué tener un familiar en la cárcel es vivida con doble intensidad por las mujeres?

  • Investigación hecha en la universidad jesuita de Jalisco muestra que entre los familiares de las personas privadas de su libertad, las mujeres son las más afectadas.
  • “Tener un familiar privado de la libertad es como si estuviera hundida, como si estuviera en un lugar oscuro sin salida”; Iris quien tiene un familiar en el penal de Puente Grande.

 

El SUJ considera un deber de conciencia y una necesidad inaplazable el abrir espacios para analizar y atender la situación de las personas privadas de su libertad y sus familiares, que derive en mecanismos de acompañamiento para que dichas personas tengan garantía de educación, empleo, salud y crecimiento humano; así como para favorecer la interacción social solidaria y respetuosa durante la etapa de privación de la libertad y posterior a ella.

Ante estas necesidades, la universidad jesuita de Guadalajara, el ITESO, realizó el Primer Encuentro Internacional sobre Familias y Cárcel en el que participaron académicos, investigadores, integrantes de organismos civiles y familiares de personas privadas de la libertad, quienes dieron a conocer y analizaron las implicaciones psicoemocionales, sociales, económicas y políticas de tener un familiar privado de su libertad.

Entre las y los expertos presentes, Nadia Patricia Gutiérrez Gallardo del ITESO y Citlali del Carmen Santoyo Ramos del Comité de Latinoamérica y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem) señalaron que la experiencia de tener un familiar en la cárcel es vivida con doble intensidad por las mujeres, ya que éstas asumen como propio el castigo de privación de la libertad y lo viven un viacrucis: “Es como si estuviera hundida, como si estuviera en un lugar oscuro sin salida, como si hubiera caído en un hoyo”, compartió “Iris”, una mujer que tiene un familiar en el penal de Puente Grande.

Gutiérrez y Santoyo desarrollaron una investigación conjunta sobre como el poder punitivo ejerce violencia contra las mujeres, así como sobre los enfoques de acompañamiento para ayudarles a resistir frente a un sistema que consideran despótico.

Como parte de los hallazgos de su trabajo, las expertas comentaron que tener un familiar privado de su libertad es algo que trastoca por completo la vida de las mujeres, quienes enfrentan por lo menos tres ciclos tortuosos y repetitivos en lo judicial, lo económico y en el cuidado de la propia persona: “En lo jurídico, la familiar vive atrapada en un curso repetitivo de abogados y de lidiar con una situación que nunca podrá resolverse. Así se va generando un sentimiento de engaño, estafa y desconfianza que se manifiesta no sólo con los abogados sino en las relaciones en general. Dentro del ‘bucle’ económico, la mujer se endeuda repetidamente para pagar los gastos del proceso jurídico y mantener a su familia, mientras que en torno al cuidado está tan preocupada por la persona en prisión que eso sobrepasa su propia existencia”.

Sumado a lo anterior, Gutiérrez señaló que la conducta de las mujers con familiares en prisión termina por adaptarse a la idea de “me importa que mi familiar esté bien, yo no me puedo caer, ni darme el lujo de enfermarme o caer en prisión. Tengo que vivir para el otro”.

Por su parte, Santoyo observó que las mujeres con familiares privados de la libertad son criminalizadas, tratadas con dureza y frialdad pese a no haber cometido un delito: “Viven en perpetua confusión y con temor constante por los cambios de reglas que las cárceles imponen a los visitantes. De igual forma, el sufrimiento de los familiares es ‘sistemáticamente invisibilizado’ y la violencia sociopolítica que reciben procede de un sistema que criminaliza la pobreza y protege los intereses de grupos conservadores y de las élites económicas”.

Las expertas de Cladem e ITESO señalaron que la experiencia carcelaria del familiar es vivida por las mujeres en soledad, debido al sentimiento de vergüenza y culpa que sienten. Además, reciben un trato hostil de las instituciones penitenciarias cuando hacen sus visitas. Se les estigmatiza, lo que redunda en prácticas discriminatorias que, entre otras cosas, les genera angustia y confusón ante el temor constante de represalias y de que se les nieguen las visitas a sus familiares: “Son tácticas del poder punitivo para reducir la capacidad de agencia de las personas, y busca desestabilizar para someter la voluntad y obtener la obediencia constante”.

Frente a este contexto, Nadia Patricia y Carmen señalaron la importancia del modelo de acompañamiento que proponen en torno a cuatro aspectos cruciales: 1) la imputación y detención, 2) el encierro, 3) la sentencia y recursos de apelación y 4) los procesos de preliberación y liberación. El modelo derivado de la investigación conjunta entre ITESO y Cladem, también contempla la inclusión del apoyo económico, el respaldo psicológico y la asesoría penal: “Hay que pasar del aguantar y del sometimiento a la resistencia ante ese poder punitivo”, enfatizaron Gutiérrez y Santoyo.

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