Las Cátedras Ignacio Ellacuría, S.J., del SUJ: en memoria de los mártires jesuitas de la UCA.

  • En el SUJ la memoria de los jesuitas mártires de la UCA, y de las dos mujeres asesinadas con ellos, está presente en las Cátedras Ignacio Ellacuría, S.J., abiertas en varias universidades jesuitas como espacio privilegiado para debatir universitariamente con la realidad mexicana.
  • La justicia se hace presente, después de 30 años la Audiencia Nacional de España condenó a 133 años de prisión al primer militar salvadoreño implicado como autor intelectual en el asesinado de la comunidad jesuita de la Universidad Centroamericana (UCA).

 

Para el SUJ, los jesuitas mártires de la UCA, Elba y Celina, son testimonio vivo y un referente que nos interpela sobre cómo debe ser una universidad jesuita en México, en América Latina, y en otros países donde prevalece el signo ominoso de la injusticia y la desigualdad estructurales, de minorías enriquecidas y millones de empobrecidos.

El legado universitario de los jesuitas, la vida de servicio, generosidad y sencillez de las dos mujeres con ellos inmoladas, tienen su eco presente en las Cátedras Ignacio Ellacuría, S.J., abiertas en varias universidades del SUJ como espacio privilegiado para hacer sonar las voces de la comunidad académica deseosa de debatir problemas de la actualidad, a fin de acompañar universitariamente a las mayorías populares y a los grupos más vulnerables, y responder mejor a los desafíos de esta realidad para volverla más justa, solidaria e inclusiva.

Para estos jesuitas universitarios su fe consistía en luchar, como Jacob con el ángel, y sobreponerse al silencio de Dios, a su aparente ausencia, en un contexto de balas y bombas, donde prevalecía la muerte más que la vida, el odio más que el amor y la fraternidad.

El ejemplo de su congruencia, de su compromiso universitario vivido como expresión de amor y de servicio, es una evidencia para muchos en este mundo de que ser creyente o religioso, ser ateo o agnóstico, pero con una espiritualidad profunda de amor y compromiso por la humanidad, constituye todavía una forma auténtica de que se puede ser revolucionario, innovador desde la universidad.

Al recordar el golpe de estado de 1973 en Chile y su legión de crímenes y desaparecidos, este 11 de septiembre los jueces de la Audiencia Nacional de España sentenciaron a 133 años de prisión al excoronel Inocente Montano, primer militar procesado judicialmente por el asesinato —de carácter terrorista– de una comunidad universitaria de sacerdotes jesuitas, y de Elba y su hija Celina Maricet Ramos, magnicidio ocurrido en El Salvador el 16 de noviembre de 1989, en la casa de los religiosos dentro de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).

La condena del ex coronel Inocente Montano también es una bocanada de aliento fresco para quienes aquí en México, y en otros países de Latinoamérica, prosiguen con valentía y sin rendirse la lucha por los derechos humanos contra la impunidad de los crímenes pasados y presentes.

En la limpia mirada de Celina Ramos, la más joven de los asesinados por los militares, símbolo como su madre de las vidas anónimas y sin justicia, hoy brilla un destello tenue y siempre frágil de esperanza, por la posibilidad de ver ante los tribunales a los otros autores intelectuales del asesinato de la comunidad jesuita en El Salvador, y a los responsables de otros crímenes ocurridos durante la locura de la guerra civil en aquel pequeño país.

Con esta primera sentencia por un crimen de lesa humanidad, cometido hace treinta años, se cumple la observación de que la justicia tarde, pero siempre llega, al modo de la antigua paradoja donde la tortuga pese a su lentitud nunca podrá ser rebasada por el veloz Aquiles. En este sentido, la justicia –ojalá– nunca sea derrotada por la impunidad.

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