La pandemia agravó la mala alimentación en América Latina.

  • La malnutrición en América Latina y el Caribe se manifiestan como obesidad y hambre.
  • Aún cuando AL y el Caribe proveen de alimentación al mundo, un gran porcentaje de los productores viven en inseguridad alimentaria.
  • En AL y el Caribe es más caro comer sanamente que comprar comida chatarra.

 

En el Séptimo Congreso Anual de Economía y Políticas Públicas sobre México, organizado por el Departamento de Economía de la universidad jesuita de Ciudad de México, Julio Berdegué, subdirector general de la Agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y representante regional para América Latina y el Caribe, señaló que en Latinoamérica mueren más personas por causas asociadas a la mala alimentación que por el crimen organizado.

El experto internacional señaló que en la medida que se ha perdido el empleo y ha caído el ingreso no sólo aumentó el hambre, sino que las personas buscaron dietas más baratas y, por lo tanto, poco saludables.

Observó que en Latinoamérica y el Caribe la pandemia generó una explosión de sobrepeso y obesidad particularmente en las y los niños, alcanzando casi la mitad de la población con malnutrición: “La más importante de todas es el sobrepeso y la obesidad, no es un problema de sociedades ricas”.

Por otro lado, señaló que es paradójico que en AL y el Caribe sea más caro comer saludable que comer comida chatarra: “Para tener una dieta saludable, el latinoamericano y caribeño promedio tiene que pagar 3.97 dólares por día”.

El representante regional de la FAO reflexionó que esta “es una región importante para la seguridad alimentaria global; AL y el Caribe es la mayor exportadora neta de alimentos en el mundo por arriba de EU, Australia o Europa. Sin esta región, el planeta tendría una situación de inseguridad alimentaria mucho más severa”.

En AL y el Caribe, 17 millones de personas producen alimentos para que 821 millones de personas puedan alimentarse y satisfagan sus necesidades calóricas. A pesar de ello, Berdegué comentó que la nuestra es una región en la que mucha de su población vive en condiciones de inseguridad alimentaria moderada o severa desde antes de la pandemia, pero que, paradójicamente, produce más alimentos de los que necesitaríamos para que nadie pase hambre.

El experto de Naciones Unidas señaló que nuestra región “Es una región prodigiosamente rica en biodiversidad y recursos naturales. Es el jardín del Edén. Tenemos el 16% de la superficie del planeta, 40% de la biodiversidad del mundo, la cuarta parte de los bosques. Un tercio del agua fresca del planeta. Sin embargo, hay terribles pérdidas de biodiversidad en nuestros ecosistemas, terrestres y marinos. Sumado a lo anterior, el cambio climático y el modelo económico están generando condiciones que ponen en riesgo la seguridad alimentaria en el futuro: sobreexplotación de pesquerías, hay un proceso acelerado de deforestación, se utiliza el 72% del agua fresca en actividades de agricultura.

Frente a este escenario de crisis agravada por el COVID, el experto de la FAO señaló la importancia de repensar los modelos de producción y crear modelos de seguridad alimentaria para el corto, mediano y largo plazo.

Para el SUJ, es estratégico articular saberes, análisis y experiencias orientadas a construir alternativas de seguridad alimentaria que garanticen justicia social de las que puedan beneficiarse todas las personas, particularmente quienes viven mayor precariedad y quienes están en riesgo de vivirla y, al mismo tiempo protejan y preserven los recursos de la casa común.

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