La memoria, un elemento indispensable para la reparación del daño
  • En el dialogo llevado a cabo en el 14 Foro SUJ, se difunde la memoria como un elemento indispensable para la justicia, la reparación y la no repetición de violaciones a los derechos humanos

 

En los Diálogos sobre el nunca más – La memoria, un elemento indispensable para la reparación del daño, realizado en el 14 Foro SUJ de Derechos Humanos, se ilustró la importancia de las medidas de verdad y justicia, como elementos de lucha por los derechos humanos, desde las dos perspectivas.

Con la participación de Lucrecia Molina, hermana de Marco Antonio, un adolescente de 14 años, desaparecido por militares en Guatemala, en 1981. Hoy Refugiada en Costa Rica, quien logró colocar su caso en la Corte Interamericana y, con ello, llevar a juicio a los más altos rangos militares que han pasado por un proceso judicial en su país.

Y por otro lado, Leopoldo Maldonado Gutiérrez, director de la Oficina Regional para México y Centroamérica de Artículo 19, una organización que acompaña a periodistas en riesgo, y tienen un trabajo prolijo de memoria sobre la guerra sucia.

Lucrecia y Leopoldo contribuyeron a identificar la importancia de reconocer y reivindicar el pasado, pues ello supone la posibilidad de asumir las lecciones aprendidas y, sobre todo, lograr que lo que dañó a la sociedad no vuelva a repetirse: “por esa potencia, hay memorias censuradas, hay memorias no permitidas, hay memorias relegadas y también disputas por la memoria”; señaló Lucrecia.

En ese reconocimiento, Lucrecia destacó que “las personas somos memoria encarnada, somos producto de procesos individuales, procesos históricos y procesos sociales. Las memorias individuales y colectivas interactúan entre sí y nos dan identidad y pertenencia”.

Por su parte Leopoldo, señaló que “las sociedades azotadas por la atrocidad y por los intentos de ocultar o de olvidar, tienen en las personas sobrevivientes de violaciones a los derechos humanos la reserva ética y moral para seguir empujando los cambios que necesitamos. Las personas víctimas de violaciones a los derechos humanos son memoria encarnada y digna y, por ello, nos inspiran a transformarnos”.

Lucrecia y Leopoldo reflexionaron que Memoria, Justicia, Verdad y Reparación están intrínseca e integralmente vinculadas, y se retroalimentan entre sí: el Derecho a la Verdad, es un medio importante de reparación para las víctimas, de la misma forma que la Memoria es Reparación: “las víctimas no buscan plata, les interesa una placa conmemorativa, buscan que una escuela lleve el nombre de la persona violentada, pretenden un documental porque ello contribuye a abrir el debate público sobre la veracidad de los hechos, porque esas acciones abren espacios de solidaridad (actividades artísticas, homenajes, conferencias, foros), porque todo ello facilita la apertura de espacios sociales para el recuerdo de los hechos y la reivindicación de las personas afectadas”, insistieron.

Por su parte, el Director Regional de Artículo 19 señaló que la verdad judicializada contribuye a la memoria y al nunca más: “la justicia contribuye a la memoria. Los casos judicializados que logran sentencia también sirven para que otras personas sientan que se les ha hecho justicia”.

Al respecto, Lucrecia abundó:  “las sentencias contribuyen a desmitificar a las personas e instituciones que han cometido violaciones a los derechos humanos. No hay nada más revictimizante que se ensalce a criminales y perpetradores de violaciones a los derechos humanos. Las sentencias, al identificar y sancionar a los verdaderos responsables de los hechos, contribuyen a reivindicar a las víctimas que con frecuencia son culpadas por haber sufrido las violaciones a los derechos humanos. En el caso de nuestra familia, fue muy reparador que el tribunal nos creyera y que la sentencia dijera que nuestros testimonios tienen valor por sí mismos. Las sentencias de la CoIDH contribuyen a inscribir en la historia judicial y en la historia de los países los hechos sucedidos desde el punto de vista y la vivencia de las víctimas, no sólo desde el poder”.

En cuanto a las condiciones institucionales para garantizar Memoria en México, Leopoldo Maldonado señaló que en nuestro país existe un marco normativo progresista que reconoce y obliga a garantizar el Derecho a la Memoria, sin embargo, no se aplica. Al respecto, precisó que la Ley General de Víctimas del 2013 es una ley progresista que no se ha materializado en una institución robusta y garante de esas disposiciones: “el sistema político mexicano tiene mecanismos de ocultamiento y de engaño. En nuestro contexto actual, el gobierno mexicano empuja una Comisión de esclarecimiento histórico para los hechos constitutivos de violaciones graves a los derechos humanos del 65 al 90, la cual nace con muchos problemas presupuestales, logísticos y de independencia lo que abre interrogantes sobre los resultados que pueda aportarnos”.

Finalmente, Lucrecia y Leopoldo señalaron que aún cuando las políticas y medidas de memoria se hagan de común acuerdo con las víctimas, el proceso queda incompleto si no se garantiza la justicia, en donde el reconocimiento y sanción a los responsables individuales es fundamental: “por encima de las víctimas no puede construirse memoria, la memoria sola es potente, redignifica y resignifica la historia pero es fundamental que vaya acompañada de verdad, de justicia, de reparación y de medidas de no repetición”.

 

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