La comunicación oral y escrita en el SUJ

  • Los jesuitas pusieron especial atención a que no faltara en sus colegios y universidades una exigente formación en las técnicas para comunicar las ideas con eficaz persuasión.
  • En el SUJ no sólo se aprende a escribir según los moldes académicos y de las ciencias, leer y escribir también se vinculan con la vida de acuerdo con ese manual primigenio de los Ejercicios Espirituales.

 

Tradición ignaciana en comunicación oral y escrita

El Sistema Universitario Jesuita utiliza las herramientas de la comunicación oral y escrita como medios para profundizar las experiencias de aprendizaje, aprender a reflexionar los problemas de la sociedad, comprenderlos en su extrema dificultad e incidir mejor en ellos en aras de su posible transformación.

Al inventar su modelo de enseñanza a finales de la Edad Media y principios del Renacimiento, síntesis entre lo antiguo y lo moderno, los jesuitas pusieron especial atención a que no faltara en sus incipientes colegios y universidades una exigente formación en las técnicas para comunicar las ideas con eficaz persuasión. Entonces se instruía en retórica, el arte clásico de hablar para cautivar y convencer.

Una de las prácticas que Ignacio recomendaba realizar en los colegios eran precisamente las competencias de retórica entre los estudiantes. En este sentido, los jesuitas fueron pioneros en volver a la disertación pública una asignatura importante junto con la gramática y el estudio de los idiomas clásicos, disciplinas sobre las que escribieron manuales para acompañar mejor su enseñanza y práctica.

Ahora se trata de la formación en literacidad, que abarca todo lo relacionado con la oralidad, escritura y lectura desde una perspectiva de discernimiento y crítica, en un mundo que sufre la información y la desinformación como una avalancha incontenible que borra las fronteras, antes bien delimitadas, entre lo verdadero y lo falso.

Enseñar a escribir con tinta ignaciana

Un prolongador en México de esta tradición ignaciana-humanista de la comunicación oral y escrita fue Alberto Valenzuela Rodarte, S.J., profesor jesuita que enseñó a varias generaciones de estudiantes a escribir con elegancia, eficacia y precisión, con buen gusto y sensibilidad para hallar las palabras exactas requeridas por una buena redacción.

Cuando todavía no existía sobre abundancia de manuales para aprender a escribir bien, el padre Valenzuela publicó ¿Quiere ser escritor? (1963), compendio de sus talleres de redacción, escrito a partir de los borradores de sus estudiantes.

Este método permite al lector asistir al progreso paulatino de la escritura, desde la primera composición con errores, descuidos y vicios de lenguaje, hasta aquellas otras más adentro en el libro que dan cuenta de una mejor redacción, en un proceso cada vez más consciente donde el aprendiz ha ido extirpando sus incorrecciones más frecuentes, al mismo tiempo que forma un estilo personal y bien cuidado de escritura. Un proceso seguido de cerca por su maestro que hace las veces del jardinero que poda y limpia con dedicada y exigente paciencia.

Al respecto, el padre Valenzuela esgrime la convicción de que “nadie puede llegar a ser escritor, si no se pone a escribir y si no consigue quien le tenga paciencia y le corrija. Ejercicio que no sea vigilado y rectificado, más bien daña”.

También persuade sobre que el mejor camino es comenzar a escribir sobre aquellos temas que se conocen bien: “apenas hay nadie que no obligue a leer, y con interés, lo que escribe, con tal de que escriba sobre un asunto que domine y que ame: a ningún alumno desahucio; todos podrán ser escritores, a lo menos en el dominio en que penetren y del que consigan expresar eso que penetraron y que amaron”.

 

Texto por Carlos Mario Castro

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