General jesuita Arturo Sosa comenta Fratelli Tutti con rectores de AUSJAL

  • La principal invitación de la encíclica para el SUJ no es otra que convocarnos a compartir el mismo sueño de un mundo mejor donde la fraternidad sea lo fundamental.

 

Hubo un tiempo en el ayer cuando las encíclicas papales tenían gran influencia en los debates sociales, construían opinión consciente, crítica y más allá de lo religioso servían como brújulas para orientarse y no ser indolentes ante los siempre graves problemas de la humanidad, difíciles ahora y más mañana conforme pasan el tiempo y las generaciones.

La última encíclica del Papa Francisco, Fratelli Tutti (Todos hermanos), será quizás un documento que hará reflexionar al mundo del presente y del futuro por su mensaje –necesario en estos momentos– que nos invita a dejar las divisiones, firmar la paz con nuestros prejuicios e intolerancias, y volvernos el samaritano de nuestro enemigo, a imagen y semejanza del relato provocador y subversivo contado por Jesús.

Durante la firma del Pacto Educativo Global suscrito por los rectores de AUSJAL, entre ellos los del SUJ, el Padre General Arturo Sosa Abascal, S.J., comentó Fratelli Tutti en clave ignaciana para destacar la coincidencia de esta encíclica con la misión formativa y social de las universidades de la Compañía, en lo relacionado con el caminar junto a los pobres, acompañar a los jóvenes en la construcción de su futuro, cuidar la Casa Común, y la sintonía de este documento con el compromiso universitario de incidir en la promoción de la justicia y la defensa de los derechos humanos, sobre todo de los asaltados por la injusticia y dejados malheridos, abandonados a su suerte en el camino.

Compartir el mismo sueño del bien común

Las reflexiones del Papa aparecen en un momento oportuno, no sólo por la emergencia sanitaria mundial; también, según el Padre Sosa, porque “hoy el mundo está plagado de tendencias que nos dividen en bloques de pueblos, de naciones; en bloques políticos, ideológicos, raciales y religiosos”.

En este sentido, dijo, desde esos bloques “se nos incita de muchas maneras a polarizar la vida pública, a separarnos por lo que profesamos, por el color de la piel o por el país de origen. Por ejemplo, ahí tenemos todo el drama de lo que significa la migración hoy en el mundo”, un problema exacerbado aún más por la pandemia que el SUJ acompaña a través de sus Programas de Atención a Migrantes.

La principal invitación de Todos hermanos, señaló el superior de los jesuitas, “no es otra que convocarnos a compartir el mismo sueño de un mundo mejor donde la fraternidad sea lo fundamental. Un mundo que reconozca la dignidad de todas (y todos) en el que se generen relaciones solidarias entre las personas, y el bien común sea realmente el objetivo de las personas, pueblos y gobiernos. Un bien común que lleve a la ciudadanía universal a responsabilizarse del planeta y gestionar humanamente las relaciones para producir y distribuir lo que necesitamos para la vida”.

Política y democracia débiles ante el capital

Uno de los análisis más certeros de Fratelli Tutti es el que señala el debilitamiento de la política, instrumento clave para construir el bien común, a causa de los populismos de derecha e izquierda y su sumisión sin reservas al dominio e intereses del mercado global, que funciona sólo para aumentar desproporcionadamente las ganancias de pocos en detrimento de la justa distribución de la riqueza.

Al respecto, el padre Sosa se preguntó sobre qué prevalecerá para los gobiernos con la llegada en los próximos meses de la vacuna para el COVID-19: “¿será un instrumento para sanar a la humanidad?, ¿va a primar el interés económico de los laboratorios que la producen?, o ¿lo más importante será su distribución a todas las personas del mundo que la necesitan para regresar a una vida productiva y más humana?”

Refirió también que para el Papa la política está debilitada por lo que describe como tercera guerra mundial a pedazos, es decir el recurso permanente a formas de violencia para imponer intereses económicos particulares sobre intereses de bienestar comunes, fenómeno que se observa en países de África y otras regiones del mundo, y que en Latinoamérica dificulta la vida de tantas personas. Asimismo, la política ha perdido fuerza por ignorar los derechos humanos, que se conocen pero no se llevan a la práctica y se quedan sólo en solemnes declaraciones de ocasión.

Por todo esto, dice el Papa en su carta, necesitamos la mejor política. Y el Padre Arturo Sosa comentó que precisamente “uno de las mayores compromisos de las universidades jesuitas en América Latina es la formación ciudadana, la investigación política, la formación de funcionarios con responsabilidad pública que sean consecuentes. De igual manera, descubrir vocaciones de servicio político y darles formación para contar en el futuro, no sólo con la mejor política, sino con los mejores políticos, porque no puede haber la mejor política sino hay políticos que la encarnen”. Un trabajo que en las universidades del SUJ se realiza a través del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano (PLIUL).

Vivir en paz con verdad y justicia

En la encíclica un presupuesto urgente para la fraternidad universal es encontrar y formar artesanos de la paz. En esta dirección, acuñó el superior de todos los jesuitas, “tenemos otra invitación muy clara para nosotros como universitarios jesuitas: hacernos artesanos de la paz con justicia. Y para ello, como recuerda el Papa con insistencia, es importante el reconocimiento de la verdad, que desde siempre ha sido el objetivo del trabajo universitario toda vez las universidades se definen a sí mismas como buscadoras de la verdad. Sólo a través de ella alcanzaremos la justicia y podremos construir la paz”.

Y señaló que uno “de los desafíos más grandes para las universidades jesuitas consiste en cómo incluir a todo el pueblo en este proceso, y que el conocimiento de la verdad esté a su alcance. Porque la paz supone la superación de la pobreza y sus causas, el cese de la exclusión y la inclusión de los marginados en todas las dimensiones de la vida social, económica y política”.

Rescatar la memoria, abolir la pena de muerte y renunciar a las guerras

Fratelli Tutti, dijo el Padre Arturo Sosa, señala algunos requisitos claves para avanzar hacia la paz y la justicia necesarias para realizar el sueño de la fraternidad universal. “El primero de ellos es la recuperación de la memoria, asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones y proyecciones. Y en el rescate de esta memoria el mundo universitario tiene la responsabilidad tremenda de hacer posible que la gente conozca su pasado para liberar su futuro, asumir y sanar sus heridas, y sea más libre para construir un mundo nuevo”.

El segundo es la abolición absoluta de la pena de muerte, tanto de la legal como de esa otra que experimentamos en las sociedades latinoamericanas, consecuencia de la negación cotidiana de derechos fundamentales.

El Papa también insiste, reseñó el Padre Arturo Sosa, en un tercer requisito que es “la renuncia completa a la guerra como forma de dirimir conflictos, imponer ideologías o regímenes sociopolíticos. La guerra nunca soluciona ningún problema, en todo caso los crea y agrava. De ninguna manera es otra forma de continuar la política: la guerra es el fracaso de la política y, por tanto, de la humanidad. Es una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal, además de ser la negación de todos los derechos y de convertirse en una dramática agresión contra el medio ambiente.

El General de la Compañía de Jesús concluyó su comentario a Fratelli Tutti diciendo que “el camino a la fraternidad requiere abrirse a la reconciliación y al perdón. Y a esto pueden contribuir todas las religiones del mundo como un precioso servicio a la humanidad, porque el Papa resalta al final de su encíclica el papel clave que todas las religiones pueden tener en el camino hacia la reconciliación y el perdón que lleven a la fraternidad universal”.

La encíclica del Papa dice con ritmo y estilo diferentes lo mismo que años atrás, en tiempos de politización extrema y reales amenazas nucleares, cantó Imagine de John Lennon, hermosa y eterna “encíclica” musical que todavía estremece al mundo con su mensaje: imaginar una hermandad de la humanidad sin guerras ni posesiones, sin codicias ni hambre, todos viviendo en paz y compartiendo el mundo bajo un cielo limpio y luminoso. A unirnos a este sueño y hacerlo realidad en este otro tiempo menos utópico nos invita Fratelli Tutti.

Texto por Carlos Mario Castro

 

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