Buscamos formar personas buenas.

 

Cada semana se publica en la sección de opinión Voces Ibero, en el medio digital Milenio, donde docentes e investigadores abordan temas que son de interés nacional. Esta semana el Mtro. Armando Mercado Hernández, Director General Académico de la universidad del Sistema Universitario Jesuita, Ibero Torreón, realizó un análisis de la educación ignaciana y el paso que ha seguido para formar hombres y mujeres para los demás.

 

La educación ignaciana: el sueño de formar personas buenas

Por Mtro. Armando Mercado Hernández

Hace algunos años a Gabriel Codina, antiguo encargado de Educación a nivel mundial de la Compañía de Jesús, se le cuestionaba ¿cuál era el objetivo de la educación de la Compañía de Jesús?, la respuesta, fue contundente:

“Formar personas buenas, la siguiente pregunta fue ¿qué es una persona buena, él contestó: “Una persona buena es competente, consciente, solidaria y comprometida”.

La Compañía de Jesús pretende formar hombres y mujeres comprometidas con los demás, esto significa a la luz de nuestra realidad que puedan trascender en sus vidas profesionalmente, vivir la excelencia académica pero también la excelencia encaminada a la persona, en palabras del P. Pedro Arrupe.

“Los alumnos que pretendemos formar son hombres y mujeres para los demás, personas nuevas, abiertas hacia su tiempo y hacia el futuro, equilibradas y constantes sensibles a todo lo que es humano”

Los adversarios de esta opción educativa aseguran que muchos egresados hacen lo contrario incluso se expresan mal de la institución, a esto, habrá que responder que precisamente “Una institución educativa de la Compañía de Jesús mantiene una educación abierta a las preguntas fundamentales del ser humano, a la verdad, a la belleza, al conflicto, a la diversidad, al fracaso y a la esperanza y está abierta a la existencia de otros modos de ser, de pensar y de enfrentar la realidad diversa a la nuestra”.

La propuesta de Ignacio de Loyola de formar personas buenas sigue vigente.

Ignacio de Loyola a través de su propia experiencia cae en la cuenta de la valiosa aportación de los jóvenes, es el caso de su grupo de compañeros que dieron testimonio dentro de una Iglesia que en esos momentos vivía una de sus etapas más controvertidas.

La educación de la Compañía de Jesús no busca formar hombres ilusos, busca formar hombres capaces, insertos en la realidad y desde su realidad apostar por el cambio, de allí deviene que busquemos formar en un liderazgo que signifique poder igual a servicio a los demás.

Hombres y mujeres que con tenacidad, ingenio y creatividad puedan resolver los problemas que se presentan en la vida con sentido humano.

A lo largo de la historia hay testimonios claros de exalumnos que aportaron y trascendieron en la historia: Buñel, Alberti o el príncipe Felipe, Clinton, Voltaire, Balzac, Descartes y podríamos seguir con la lista.

Para continuar con el sueño de Ignacio de Loyola es importante asumir el compromiso a no transmitir el mundo tal cual es, sin que mostremos, al menos, por contraste, sus otras múltiples posibilidades.

Por tal, es válido recurrir permanentemente a la pregunta ¿cuál es nuestra presunta implicación como educadores en una institución jesuita?

 

Publicada por Milenio 

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